Almería halla oro en Los Millares que fue la primera ciudad de España. La Universidad de Granada localiza una cuenta tubular de oro en la acrópolis de Los Millares, reconocida como la primera ciudad de España
El reciente hallazgo de una pequeña pieza de oro en lo más alto del asentamiento de Los Millares, en Almería, está revolucionando la forma de entender este emblemático poblado prehistórico. Se ha encontrado dentro de una cisterna situada en la acrópolis, el área más elevada y simbólicamente poderosa del yacimiento, lo que añade una nueva capa de significado al uso del espacio y al control de los recursos en este enclave de hace más de 5.000 años. Este descubrimiento introduce por primera vez el oro en el registro arqueológico de Los Millares y refuerza la idea de una comunidad con una clara élite y una marcada jerarquización social.
La pieza hallada es una cuenta tubular de oro, probablemente parte de un adorno personal, recuperada durante la campaña de excavaciones de 2024 llevada a cabo por un equipo de la Universidad de Granada. No se trata de un simple objeto decorativo: su presencia en este contexto concreto, y su carácter excepcional dentro del conjunto de materiales del yacimiento, la convierten en un elemento clave para interpretar el nivel de complejidad social que alcanzó la comunidad de Los Millares. Hasta ahora no se había documentado este tipo de metal en el enclave, por lo que la aparición de esta cuenta obliga a replantear las redes de intercambio, la especialización artesanal y el acceso diferenciado a bienes de prestigio.
Los Millares es conocido desde hace décadas como uno de los asentamientos más representativos de la Prehistoria reciente en la península ibérica, un auténtico modelo de poblado fortificado con murallas, recintos defensivos y una amplia necrópolis. La identificación de oro en la acrópolis encaja con esta imagen de un centro político y económico de primer orden, pero va un paso más allá: evidencia que, además de controlar la producción agrícola, ganadera y la circulación de materias primas como la piedra o el cobre, también manejaban metales de alto valor simbólico y social.
El hecho de que el oro se haya localizado en una cisterna, dentro de la zona alta del asentamiento, abre interesantes interrogantes sobre los rituales, las prácticas simbólicas y el posible vínculo entre recursos vitales como el agua y objetos de prestigio. No es descabellado plantear que este tipo de piezas se empleara en contextos ceremoniales, como ofrendas o depósitos votivos, asociados a la protección de la comunidad o al poder de determinados linajes. De este modo, la cuenta de oro no solo se interpreta como un adorno individual, sino como parte de un lenguaje de poder, identidad y diferenciación social.
Desde el punto de vista tecnológico, el trabajo del oro implica conocimientos específicos de metalurgia y orfebrería, diferentes a los empleados en la elaboración de útiles cotidianos de piedra o cobre. La presencia de esta pieza sugiere la existencia de artesanos especializados o, al menos, el contacto con grupos que dominaban estas técnicas, lo que a su vez apunta a redes de intercambio más amplias, quizá de larga distancia. Esto refuerza la idea de que Los Millares no era un asentamiento aislado, sino un nodo relevante dentro de circuitos económicos y culturales complejos.
En términos sociales, la aparición de un objeto tan exclusivo en la acrópolis subraya la existencia de una élite capaz de monopolizar bienes raros y cargados de prestigio. El oro, por su brillo, su incorruptibilidad y su dificultad de obtención, ha estado históricamente asociado al poder, al estatus y a lo sagrado. Que una comunidad de hace más de 5.000 años en el sureste peninsular dispusiera de este metal indica que ya se estaban consolidando formas tempranas de desigualdad y de concentración de riqueza en manos de ciertos grupos o individuos.
Este descubrimiento también tiene un fuerte impacto en la interpretación del propio paisaje arqueológico de Los Millares. Al incorporar el oro al repertorio material del yacimiento, la acrópolis se consolida como un espacio de representación del poder, donde se concentran estructuras singulares, recursos estratégicos y objetos capaces de transmitir prestigio. La cuenta tubular de oro, aparentemente pequeña y discreta, se convierte así en una pieza clave para comprender cómo se articulaba el poder, cómo se escenificaba la diferencia social y cómo se gestionaban los recursos más valiosos en una de las sociedades prehistóricas más importantes del sur de Europa.
En definitiva, la cuenta de oro encontrada en la cisterna de la acrópolis de Los Millares no es solo un hallazgo espectacular, sino una ventana privilegiada a la vida, las creencias y la organización social de una comunidad que, hace más de cinco milenios, ya experimentaba con formas complejas de jerarquía, control de recursos y representación simbólica del poder.

